El paro, uff, "EL PARO", desempleo obligado por la circunstancias del país y de uno mismo. Siempre que pienso en el paro me viene a la cabeza el título de la película de Fernando León de Aranoa (creo que se escribe así), "los lunes al sol", el título está bien puesto porque en realidad la sensación de que estas en el paro la sientes de una manera profunda el lunes, el primer día de la semana, donde todo el que trabaja o la gran mayoría van a sus puestos cabreados porque el fin de semana ha sido corto y los que no trabajamos estamos en casa cabreados porque el fin de semana continúa siendo largo.
Nunca pensé que esto me tocara a mí, aunque entiendo que nadie lo piense, pero es algo increíblemente desesperante, no sabes donde tienes que acudir, no sabes si tus conocimientos van a servir para algo, buscas y buscas en las páginas de empleo pero el teléfono sólo suena para venderte algo, y pasan las horas y los días y las semanas y los meses y cuando te vienes a dar cuenta llevas un año en el paro, nadie sabe que existes, envías curriculums y curriculums pero nada, entras en páginas donde te aconsejan que hagas el curriculum de una determinada manera para que las empresas se fijen en ti, entras en unas, entras en otras, y acabas con 50 tipos diferentes de curriculums, pero siguen sin llamar.
Encuentras páginas de empleo donde te indican que te registres y pongas tu perfil para apuntarte a las ofertas de empleo que sacan, encuentras una, dos, tres, cuatro, ¿Cuál era la contraseña de la dos?, leído, incluido en el proceso, pero el teléfono sigue sin sonar.
Todo el que está a tu alrredor sufre tanto o más que tú, te dan ánimos, te dan una y mil veces ánimos y consejos: "tú no desesperes" " sigue intentándolo que el que persevera gana"(el refranero español tan socorrido), pero el teléfono sigue sin sonar.
Tienes muchos altibajos de carácter, un día estás mejor otro peor, un día tienes la esperanza de que hoy es el día clave, te afeitas (bien apurado), te sientes bien por dentro y por fuera, cuidas tu aspecto, intentas informarte bien por internet sobre como enviar curriculum y haces una carta de presentación con los pasos que dicen multitud de páginas que aconsejan que trates con cordialidad a las personas a las que va dirigida, que las trates con más respeto que cordialidad, que las trates muy amistosamente y de forma desenfadada, pero el teléfono sigue sin sonar.
Subes tu perfil a LinkedIn esperanzado en que es un perfil profesional donde hay empresas que reclutan a mucha gente y tú podrías ser uno de ellos, te apuntas a ofertas de trabajo que ofrece la página, a grupos para que te manden ofertas, empiezas a buscar gente que conoces y a las que no conoces y parece que son interesantes y le pides que formen parte de tu red, accedes a páginas de empresas que dicen que buscan gente, te apuntas, pero el teléfono no suena.
Y así me paso los días, pendiente de una llamada de teléfono, pendiente de que alguien en algún lugar se le ocurra y se le antoje llamarte para decirte que te quiere hacer una entrevista o que quiere conocerte al menos, pendiente de que alguien se de cuenta que en realidad sí que vales para hacer muchas cosas, que puedes aportar mucho a una empresa, pero como el teléfono sigue sin sonar ya casi ni tu mismo te lo crees.
Si lo pensamos bien es increíble lo que puede cambiar tu vida con una llamada, ¿alguno de los que han hecho esas llamadas se dan cuenta de lo que supone para la otra persona?, supone dormir bien, disfrutar de la familia, tener casa, disfrutar de las personas que están a tu alrredor y de las que vendrán, ya sé que se puede disfrutar de ellos aunque no se tenga trabajo pero un poco menos (vamos a dejarlo ahí).
Un día te levantas (cuando tienes ganas claro) y piensas que vas a hacer un curso de algo que ahora esté muy de moda para ver si las empresas valoran que tengas ese curso, buscas y buscas y buscas, pero claro sin dinero poco encuentras y los cursos que se suponen valoran las empresas valen bastante dinero por lo tanto miras el teléfono y sabes que ese día tampoco va a sonar.
No sé cómo me sentiré cuando suene pero sí que sé como me estoy sintiendo durante todo este tiempo y no me gusta verme así, llega un momento en el que no te importa nada, políticos y política no me importa nada (entre unos y otros han conseguido que no vaya nunca más a votar), casi no tengo ganas de reír y aunque siempre oigo eso que dicen de pensamientos positivos atraen a otros pensamientos positivos mi teléfono sigue sin sonar.........¿esperanza? si, la tengo pero lo que más me inquieta es que cada vez tengo menos y en el momento en que se acabe la esperanza no sé que será de mi vida.
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