Hace años que no escribo nada aquí, todo lo que tenía que decir o lo había dicho o lo he guardado en el cajón donde habita el olvido, como dice Joaquín Sabina.
Entiendo que en los tiempos que vivimos dar una opinión diferente a la general es un ejercicio de riesgo, estamos en un época de extremos, la sociedad se ha radicalizado en todos los órdenes de la vida, la política y nuestros malísimo presidente nos ha llevado a la radicalización absoluta, o estas conmigo o contra mí. A levantar muros cuando se da una opinión e instalarse en el inmovilismo, a no debatir, a no contrastar opiniones y se hace muy complicado tener conversaciones incluso entre amigos.
Otro fenómeno muy extendido hoy en día y que cada vez me causa más perplejidad e las teorías de la conspiración, he escuchado desde que la pandemia que sufrimos en 2020 (Covid-19) era un experimento sociológico de los poderoso a ver si podían exterminar al 10% o al 20% de la población mundial, a que hay una super sociedad secreta que habita escondida en la Antártida de personas-reptiles que nos están manipulando en secreto y están infiltrados en todos los gobiernos del mundo, pasando por estar total y absolutamente convencidos que la tierra es plana y que como siempre (eso no ha cambiado a lo largo de la historia) los judíos tienen la culpa de todo lo que pasa en el mundo, son, la mano que mece la cuna de la historia de la humanidad.
El problema radica, o al menos así lo creo yo, en que la sociedad se ha infantilizado de una manera preocupante en pocos años, no tenemos suficiente madurez para contrastar opiniones, todo el mundo se cree con derecho a dar su opinión pero no podemos decir si estamos de acuerdo porque al instante tenemos miles de odiadores calificándote de una cosa o la contraria, según les coja el día.
En fin, que hoy es día es más peligroso tener un blog que algo de uranio enriquecido en casa.
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